Cuando el silencio se hace denso: El eco del nido vacío

Ahora que mis hijas han crecido, solo escucho ladrar a las "bendiciones" de cuatro patas; reconozco que el silencio, a veces, me hace ruido en los ojos. Sus risas se han esfumado, al igual que las discusiones y las conversaciones en el comedor.


Cómo olvidarme del trayecto a sus clases o salidas... Cuando tomábamos el libramiento, les encantaba sentir el aire entrar por las ventanillas con la música a todo volumen. Las veía cantando, levantando sus brazos; las sentía contentas y siempre, siempre, siempre unidas.


Ahora es difícil coincidir las cinco; aun así, están presentes en alguna anécdota o en las fotos que nos enviamos. Esta es la vida de una mamá cuando el nido queda vacío, ya sea porque formaron su propia familia o porque sus ocupaciones las llevan fuera de casa. (Mamá tiene listo el pasaporte)


El corazón de una madre vive de las llamadas en las que escucha un "te extraño, mamá", de las pláticas largas y de sentir que ellas saben que cuentan contigo. Vive de memorias inolvidables que la mente trae de vuelta a cada segundo para dar una palmada cuando el silencio se hace denso; vive de flores guardadas, hojas secas y cartas conservadas como reliquias de sus infancias. Las imágenes digitales y los videos también son momentos que alegran las pupilas, porque nos permiten vivir de nuevo esas historias.


Felicidades a las mamás que pueden abrazar; un abrazo a quien solo pueden orar al recuerdo o lloran sobre una lápida

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