6 de Enero
Sí, sí existen las Reinas Magas…
y en mi vida influyó una.
Cada 5 de enero regresa a mi memoria aquel año en el que mi mamá llegó a mi casa cuando ya era muy tarde. Yo estaba sola; el papá no estaba. Me miró con esa mezcla de firmeza y ternura que solo una madre sabe usar y me preguntó:
—Hija, ¿qué les vas a dar de regalo a las niñas mañana?
Le respondí sin rodeos: nada.
No había comprado nada.
—¿Cómo que nada? —me dijo—. Está la Feria del Juguete, ve a traerles regalos.
En aquel entonces no existían las compras en línea, ni los mandaditos, ni las ventas por redes sociales, ni aplicaciones que te resolvieran la vida en minutos. Todo requería presencia, tiempo… y voluntad.
Pasaban de las once de la noche cuando pedí un taxi. No quería manejar ni buscar estacionamiento; solo quería cumplir. Era la noche del 5 de enero del 2002 y yo iba en busca de los regalos de Reyes.
Mientras tanto, en casa, mi mamá se quedó preparando la magia. Aromatizó el hogar con canela, calentó el chocolate y dispuso todo para sorprender a mis hijas al amanecer.
Hijas, desde siempre esa Reina Maga mayor —su abuelita— pide por ustedes. Pide a Dios, a los ángeles, a los santos y a los Reyes Magos. Siempre lo ha hecho.
Hoy puedo decirlo con certeza:
para ustedes, su abuelita ha sido —y sigue siendo— el gran regalo.
Gracias, mamá. ♡
Letras Lemcys ®



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